Juan Carlos Girauta pisotea a la extrema izquierda de Podemos: «Chusma»

Girauta ha pisoteado a la extrema izquierda

En un artículo que ha publicado este jueves en el diario ABC, en el que habla de la «chusma» de la extrema izquierda, útil únicamente para Pedro Sánchez. El ex diputado nacional de Ciudadanos en el Congreso de los Diputados, repasa la «chusma» moral de Podemos después de que el rastas de Podemos, Alberto Rodríguez, fuese condenado por patear a un policía.

Para Girauta, ser de Podemos teniendo antecedentes «es pan comido». «No descarto que algún prohombre o promujer podemita acabe conociendo todos los delitos, en todas sus modalidades, y complete el simpático puzzle», escribe.

«Rompo a bostezar y caigo dormido como un lirón cada vez que me topo con las jeremiadas de turno sobre el incumplimiento de no sé qué código ético de Podemos. ¿Código qué? ¿Tenía Casanova un código de castidad? ¿Seguía Vlad Tepes, el Empalador, un código de empatía? No había que ser muy avispado para comprender la naturaleza del decálogo podemita: rígidas normas que hicieran indeseable dedicarse a la política, que fulminaran la presunción de inocencia y que, por supuesto, solo se aplicasen a los demás, a cuantos desgraciados careciesen de pasaporte podemita. En un escamoteo de mago de bar, un truco de esos que solo engañan al que lleva cuatro copas, la nueva extrema izquierda nos ha cambiado el pueblo, titular de la soberanía, por la gente, titular de la brutalidad, la demagogia, la habladuría y la justicia paralela. Perpetrada la sustitución, el poder moral fue suyo, no en vano venían reclamándose los genuinos representantes de eso, la gente. El intento de prostituir las leyes y sentencias tomaba prestada su vileza de los separatistas, irremediablemente enloquecidos. Y de sus medios, esos que algún despistado del PP catalán (DEP) considera merecedores de atención preferente», escribe Girauta.

«En realidad no engañaban a nadie fuera de los periodistas jóvenes y tiernos, que gustaban de sentarse lánguidos sobre el suelo alfombrado de las salas del Congreso, formando corro en torno a un Che Guevara de todo a cien. Se sentían todos Régis Debray en Bolivia, pero sin mosquitos del dengue. Al PSOE lo engañaban menos que a nadie, como pude comprobar personalmente en las negociaciones del llamado Pacto del Abrazo. Luego, sabido es, Sánchez se sacudió a todos aquellos negociadores, hasta entonces sus hombres de confianza, y tuvo una ocurrencia: para que creyéramos que estaba acompañado en vez de solo, recurrió a unos extras. Baste decir que en el puesto de Antonio Hernando apareció Adriana Lastra«.

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